[OS] El Sonido de la Muerte
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09092009
[OS] El Sonido de la Muerte
Una mañana más, una tarde más, una noche más. Ese sentimiento..ese HORRIBLE sentimiento de depresión seguía ahí. Hace mas de un año que luchaba contra él. Cada día era peor, le pesaba en todo su cuerpo. Parte por parte.
"No es nada, ya se me pasará" solía decir. Pero era solo una máscara para ocultar lo que en verdad estaba pasando. Incluso repetía la frase para sí mismo, con tal de convencerse de que allí nada ocurría. Que él estaba bien, él estaba perfecto. Pero no era cierto, su estado de ánimo era uno de los peores que he visto en toda mi vida, y creo que lo seguirá siendo. El sufrimiento que tenía equivalía a mil agujas clavadas en su cuerpo, mil y una tal vez. Pensar que había gente que conseguía superar problemas mucho mayores: el hambre, la pobreza, la guerra, la enfermedad. Sin embargo a él nada lo podía ayudar. Era -y cito a Ricardo Arjona- como buscarle una pestaña a lo que nunca tuvo ojo. De todas formas no se rendía. Pensaba en el futuro, en lo que podría hacer más adelante. Quizás ayudar a las personas lo haría sentir mejor. Pero, quién alcanzaría a superar eso? Terminar con el sufrimiento que tanto lo afligía, que no daba tregua...
Finalizaba la semana, la mañana crecía, y junto con ella la espesa niebla. Se alcanzaba a percibir casi apenas un olor raro, el famoso olor de la tragedia. Eso no era lo único. También se oían las campanas. Recuerdos de la niñez llegaban a su mente. Sabía que ese era el día, lo presentía mas que nunca. Muy pronto el sufrimiento se iría..
Una lágrima cayo por su mejilla.
-¿Qué sucede?- Preguntó ella.
-Oye las campanas. Su sonido es inusualmente fuerte hoy- Le contestó.
-¿Qué campanas?- Dijo ella intrigada.
-Son solo...campanas- Concluyó él.
Nadie sabía que era lo que ese día le ocurría. Es decir, siempre había sido excentrico, pero nunca había llegado a tal punto. Era como si se hubiera vuelto completamente loco. Al salir del colegio ella se acerco tomándolo de los hombros. Él disimuló un asombro como acostumbraba. Luego le sonrió y hablaron un poco. Aunque parecía normal, había momentos en que parecía perdido, como si supiera que algo pasaría. Observaba hacia la nada, con preocupación.
-Seguro que no sucede nada?- Preguntó una vez mas ella. Debía serciorarse bien. Lo notaba mas triste que de costumbre, pero al mismo tiempo, aliviado..
-Sí- Contestó con una amplia sonrisa, aunque algo triste. -Tranquila, estoy seguro-
Por la tarde llegó a su casa, almorzó y salió a caminar. Su madre se sorprendió mucho. Era raro en él que fuera a caminar. Mientras daba su paseo, el sonido de las campanas se hacia más fuerte, pero no le molestó en lo absoluto, pues sabía que era lo que significaba. Se sentó en un banco de la plaza, solo. De pronto comenzó a llover torrencialmente, pero no se movía. Esbozó una sonrisa.
-Ya va siendo hora- Se dijo a sí mismo.
Después de estar observando las calles inundarse un buen rato, se levantó y volvió a su casa. Tomó una ducha y se arrecostó en su cama. Abrió su cajón, el único bajo llave. De una pequeña libreta de anotaciones retiró unos cuantos sobres. Los dejó sobre su escritorio, y llamó por teléfono.
-Hola?- Preguntó ella.
-Puedo ir a tu casa a hablar un segundo?- Dijo sin hacerse esperar
-E..esta bien-
Y antes que pudiera decir otra cosa cortó. Con su abrigo en el hombro se dirigió hacia el hogar de ella, aún sabiendo que nunca llegaría. En el camino se detuvo a ver la Luna, y sintió un profundo dolor en el pecho.
-Espero que si hay otra vida, pueda observarte en ella también- Dijo con un dolor insoportable y costándole hablar, pero al fin y al cabo contento.
Las campanas golpeaban incesantes, mezcladas con el sonido de la muerte..
"No es nada, ya se me pasará" solía decir. Pero era solo una máscara para ocultar lo que en verdad estaba pasando. Incluso repetía la frase para sí mismo, con tal de convencerse de que allí nada ocurría. Que él estaba bien, él estaba perfecto. Pero no era cierto, su estado de ánimo era uno de los peores que he visto en toda mi vida, y creo que lo seguirá siendo. El sufrimiento que tenía equivalía a mil agujas clavadas en su cuerpo, mil y una tal vez. Pensar que había gente que conseguía superar problemas mucho mayores: el hambre, la pobreza, la guerra, la enfermedad. Sin embargo a él nada lo podía ayudar. Era -y cito a Ricardo Arjona- como buscarle una pestaña a lo que nunca tuvo ojo. De todas formas no se rendía. Pensaba en el futuro, en lo que podría hacer más adelante. Quizás ayudar a las personas lo haría sentir mejor. Pero, quién alcanzaría a superar eso? Terminar con el sufrimiento que tanto lo afligía, que no daba tregua...
Finalizaba la semana, la mañana crecía, y junto con ella la espesa niebla. Se alcanzaba a percibir casi apenas un olor raro, el famoso olor de la tragedia. Eso no era lo único. También se oían las campanas. Recuerdos de la niñez llegaban a su mente. Sabía que ese era el día, lo presentía mas que nunca. Muy pronto el sufrimiento se iría..
Una lágrima cayo por su mejilla.
-¿Qué sucede?- Preguntó ella.
-Oye las campanas. Su sonido es inusualmente fuerte hoy- Le contestó.
-¿Qué campanas?- Dijo ella intrigada.
-Son solo...campanas- Concluyó él.
Nadie sabía que era lo que ese día le ocurría. Es decir, siempre había sido excentrico, pero nunca había llegado a tal punto. Era como si se hubiera vuelto completamente loco. Al salir del colegio ella se acerco tomándolo de los hombros. Él disimuló un asombro como acostumbraba. Luego le sonrió y hablaron un poco. Aunque parecía normal, había momentos en que parecía perdido, como si supiera que algo pasaría. Observaba hacia la nada, con preocupación.
-Seguro que no sucede nada?- Preguntó una vez mas ella. Debía serciorarse bien. Lo notaba mas triste que de costumbre, pero al mismo tiempo, aliviado..
-Sí- Contestó con una amplia sonrisa, aunque algo triste. -Tranquila, estoy seguro-
Por la tarde llegó a su casa, almorzó y salió a caminar. Su madre se sorprendió mucho. Era raro en él que fuera a caminar. Mientras daba su paseo, el sonido de las campanas se hacia más fuerte, pero no le molestó en lo absoluto, pues sabía que era lo que significaba. Se sentó en un banco de la plaza, solo. De pronto comenzó a llover torrencialmente, pero no se movía. Esbozó una sonrisa.
-Ya va siendo hora- Se dijo a sí mismo.
Después de estar observando las calles inundarse un buen rato, se levantó y volvió a su casa. Tomó una ducha y se arrecostó en su cama. Abrió su cajón, el único bajo llave. De una pequeña libreta de anotaciones retiró unos cuantos sobres. Los dejó sobre su escritorio, y llamó por teléfono.
-Hola?- Preguntó ella.
-Puedo ir a tu casa a hablar un segundo?- Dijo sin hacerse esperar
-E..esta bien-
Y antes que pudiera decir otra cosa cortó. Con su abrigo en el hombro se dirigió hacia el hogar de ella, aún sabiendo que nunca llegaría. En el camino se detuvo a ver la Luna, y sintió un profundo dolor en el pecho.
-Espero que si hay otra vida, pueda observarte en ella también- Dijo con un dolor insoportable y costándole hablar, pero al fin y al cabo contento.
Las campanas golpeaban incesantes, mezcladas con el sonido de la muerte..
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